Este pasado martes compartí la mañana con gente que sabe mucho de cocina y mucho de fotografía gastronómica …dos temas que me gustan muucho. La verdad es que pasamos un buen rato, tuvimos tiempo para trabajar y también tiempo para conversar.
Conversar con un vaso de vino navarro en la mano y compartiendo un plato de queso, como se hacía antes.
Allí me hablaron de los Chuletones de tomate del Baztán con los que deleitaban a sus comensales hace algún tiempo …y como colofón me llevé a casa una gran bolsa de tomates recién cogidos de su huerta.
Son unos tomates feos y de piel curtida, muy diferentes de las “bailarinas” de exposición que encontramos en los mercados, pero son tomates llenos de carne y de sabor.
Desde el martes he estado recreando mentalmente el concepto de chuletón de tomate del que me hablaron: Rodajas de 2, 3 centimetros bien aliñados con aceite y vinagre.
He querido darle una vuelta más al concepto, así que en lugar de ensalada, me he puesto en plan chuletón de verdad y a dos hermosas rodajas de tomate les he dado un golpe rapidísimo de plancha muy muy caliente, para marcarlos por fuera y dejarlos crudos por dentro, al igual que en los chuletones tradicionales.
…y el resultado es este:
Como complemento les he puesto unas láminas de queso Idiazábal muy poco curado y un generoso pellizco de sal maldon.
Estaba simplemente magistral. …y es que hay veces en las que menos es más.
Pero realmente no quiero contaros una receta como tantas, sino que lo que en realidad quiero hacer es hablar de la autenticidad de las cosas.
Lamentablemente a día de hoy es cada vez más difícil (sobre todo para el consumidor medio) encontrar y acceder a productos auténticos.
Ultimamente se habla mucho de los “productos con historia”. Con nombres y apellidos. …Personalmente creo poco en esas cosas. Supongo que será deformación profesional, pero estoy un poco de vuelta del “Story-telling” …así que me creo pocas de las historias que nos cuentan alrededor de los productos.
Más allá de las historias, yo creo en los productos, en su autenticidad “per se”. Solo así se producen pequeños milagros como el que os acabo de contar:
Un buen tomate, un poco de sal y unas virutas de buen queso. ¿se puede pedir más?
En un mundo cada vez más complejo, sofisticado y retorcido, la absoluta sencillez se convierte en virtud.
Menos es más, simplemente porque la virtud de la esencia no necesita adornos.








































